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Carta a sobrevivientes de un depredador emocional


Hace un par de semanas escribí algo sobre uno de los depredadores que me encontrado en esta vida. Escribí estando consciente de las posibles consecuencias, pero nunca imaginé que llegaría conectar con tantas personas. Me escribieron decenas de mujeres contándome que vivieron cosas similares, o peores, que recibieron violencia psicológica de un depredador y todavía sienten miedo de hablar y verbalizar lo que vivieron.

Mi texto no se trató de una funa, ni de señalar a nadie. Creo fervientemente que es momento en que dejemos de pensar que el macho agresor es el protagonista de la historia. Mi historia no es una denuncia para truncarle la carrera política a nadie, mucho menos a gente que no conozco ni me conoce. El narcisismo desbordado nos impide ver más allá del velo. Como he señalado antes, mi proceso es personal, sí, pero la sanación es colectiva. Tanto deseo alivio para mí, como para todas las que hemos sobrevivido a estas experiencias, así también se lo deseo al depredador, aunque en su ceguera no vea todo el daño generado, sostengo que todas las personas tenemos el derecho de regresar a casa.

Hacernos cargo y que llegue la justicia con nuestra propia mano (en mi caso a través de la escritura y de los rituales), es parte de ese proceso de trascender traumas y heridas profundas. No sólo es culpa del narcotráfico, el patriarcado y sus mil ramificaciones nos quiere ver siempre derrotadas y odiándonos entre nosotras. Tampoco creo que odiar a los varones sea una opción, aunque todos los días nos ponen a prueba.

Las mujeres hemos pasado mucho tiempo en silencio, creyendo que al callar evitaremos problemas mayores. Nos han enseñado que incomodar es conducta de la chusma y de lo marginal. Nos adoctrinaron. Pero como la tierra sabia y siempre encuentra la manera de convocarnos, hemos decidido sanar a través de las plantas, a través de las pláticas con amigas, El autoconocimiento que viene de los astros, del mar, del viento, del bosque. La vida nos está convocando a hacernos justicia. El mundo, ahora mismo, es un lugar caótico estancado en que aquello que no termina de morir y lo que no termina de nacer. A todes se les cayeron sus máscaras y los demonios brotaron de las sombras y de las más cegadoras luces. Siento que eso nos pasó recién con una narcodictadura de 12 años. Es mismo le ha pasado a Chile y Argentina en el pasado y recién con Millei. El hecho de no reconocer esas heridas profundas, el no ponernse de acuerdo, de no aplicar justicia y de no sanar el pasado, es que estos monstruos robustecidos emergen de la mismísima mierda.

Si el último texto movilizó algo dentro de tantas personas, es porque sabemos lo peligroso y dañino que puede ser el abuso psicológico, tan doloroso y traumático como el abuso físico. Porque al final, verbalizar lo que duele hace que la carga se sienta menos pesada.

Cada quien busca lo que le sirve, y a mí me sirve contar historias muy reales, que, como ya dije, se repiten una y otra y otra vez porque el patriarcado así nos quiere: tristes, con el corazón roto, enemistadas con otras mujeres, incondicionales y salvadoras de machos acomplejados y altamente peligrosos como el depredador emocional, quien, por cierto, hizo que me sacaran de un espacio al que él mismo me invitó. Porque así de frágil es la masculinidad de un narcisista patológico y así es como el hombre se convierte en el abismo que tanto observó con miedo.

Somos un montón las que hemos sobrevivido a este tipo de relaciones violentas. No estoy para decirle a ninguna lo que tiene que hacer y no soy un ejemplo de nadie, ni quiero serlo, pero si pudiera compartir un regalo con ustedes, además de un abrazo, es invitarles a que expresen, verbalicen, pinten, canten, bailen, escriban, griten, digan todo eso que les ha dolido y les ha marcado la existencia. Porque, aunque no se soluciona todo de forma mágica, la vida se vuelve un poquito más liviana, más llevadera, y con esto, quiero ser enfática, que no vale la pena simplemente denunciar, lo cual es importante, pero también es necesario sanar y retomar una vida que se puede vivir con dignidad y placer, sin cargar rencores y culpas sin sentido.

En ningún momento quiero que esto suene a consejo, pero la Sanación es mucho más que dejar de ser adicta del alcohol y otras drogas duras, para ser adicta de otras sustancias, ideas, relaciones, la Sanación es cualquier cosa menos escapar, por el contrario, se acerca más al deseo de enfrentar la realidad por cruda que sea, con nosotras mismas y, para que eso ocurra, ese proceso de autoconocimiento, se logra en comunidad.

Llevamos miles de años practicando esto, pero una manada de bestias capitalistas, nos ha hecho creer que lo único que importa es trabajar y crear riqueza para otros.  De nada no serviría tener toda la plata del mundo para pagar las mejores terapias si no vamos construyendo una red segura de apoyo donde el placer, el goce genuino de existir, se genere de forma natural, sin espejismos. Que sea capaz de sostenernos cuando caemos. Hacia ese lugar quiero apuntar mi mirada. Pero al final, eso lo decide cada quien.

Mi diario es como mi cementerio y mi segundo terapeuta. Que sea el fuego el que trasmute todo el dolor en cada una de nosotras, así escribo siempre. Todas tenemos la fuerza para sobrevivir a un depredador, pero no todas somos conscientes de esa fuerza y no todas tuvieron ni tienen los mismos privilegios para sobrellevarlo. Transitar la Sanación también te va recordando tus poderes personales y, por ende, tu fuerza colectiva, tus privilegios y tu lugar en el cosmos.

Está trama global, cada vez más loca, el sol que nos quiere tanto que cada vez nos envía más calor (porque nos negamos a creer que es nuestra culpa este despelote climático), los enemigos de la vida se aferran al poder a través del terror, decididos a dejarnos sin nada, nos va a obligar a vernos nuevamente las caras en las calles, y, como estamos desnudes, Plutón está acuario y la fuerza está a nuestro favor, las cosas van a tener que cambiar para siempre. El péndulo tiene que volver al equilibrio de la vida. Tanta verdad tenía Berta Cáceres cuando dijo “despertad humanidad, ya no hay tiempo”, no lo hay precisamente para la humanidad.

Y de lo poco que he entendido de este camino es que sanar es volver a hacer las paces con el tiempo y no verlo como un enemigo más bien un aliado incondicional. Recuperar el tiempo es también asentir la vida, tal como es, aunque no la entendamos del todo. Pero en ese asentir, también vivo, disfruto y me enojo, y siento rabia… y el ciclo continúa, tal como la danza de la luna. Reconectar con la madre es sanar también nuestros corazones. Aceptar que el amor también está en otros lugares, no solo en las mentiras de un agresor. Hermana, ya tirá a la mierda el amor romántico, la vida está ahí adentro tuyo y te está esperando.

Una de las chicas, escribió que mis palabras fueron como un abrazo. Y yo tomo sus palabras como un abrazo a mi Alma, porque lo escribí pensando en mí y en todas mis amigas que han sobrevivido a este tipo de infierno, que no es menor, por mucho que lo relativicen y normalicen, las que ni siquiera son conscientes de todo el dolor que puede traer la violencia emocional.

En suma, ya que este manicomio global está más alborotado de lo habitual y de que nuestro pecho no está siendo bodega de nadie, es momento de renacer entre tejidos amorosos, sin idealizar, sin esperar, simplemente abrazar el deseo de compartir con un otre, con un todo. La vida es muy hermosa como para depositarle tanta energía contenida en odio y malas intenciones, sin embargo, estaré en cada aquelarre que lance conjuros justicieros contra cualquier depredador que se nos cruce en el camino..


Para eso estamos aquí, para estar juntas y estar vivas.

 
 
 

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