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“Hay que irse de lugares donde te tratan mal”

Hace ya varias semanas que no puedo ver el cielo. El humo denso que se extiende en casi todo el territorio hondureño no parece dar tregua a pesar de las primeras tormentas. Fue como si le hubieran echado una paila de agua a una hoguera. Se intensificó la contaminación y ahora hay un brote de virus y problemas en las vías respiratorias. Yo no me escapé. Nadie escapará.

He tenido un resfriado y una tos de chucho como no tenía desde hace mucho rato. Ni siquiera cuando tuve covid en enero de 2022, estuve tan tumbada en la cama. Cualquier intento de seguir mi rutina me agotaba. La única solución es el descanso, insistían mis abuelas en mi cabeza y mi madre en el teléfono. En los talleres que hacemos con mujeres, enfatizamos mucho en tomarse en serio –y con disciplina- los momentos de descanso. Pero como ya ven, todes, sin excepción, somos un manojo de contradicciones. Me rendí y me eché a la cama. Encendí el mayor encantador de serpientes y me vi toda la serie de Fito Páez, “El amor después del amor” de un solo tirón. Al Fito lo escuché un par de veces en conciertos gratuitos, he escuchado su música desde hace ya mucho rato para animarme, pero nunca lo había sentido tan cercano. Olí su perfume agridulce que lleva el dolor y el amors.

Y no solo canté, chillé, reí, baile y me entró esa perra nostalgia de salir corriendo, también capté las señales, la más profunda de todas: Hay que irse de los lugares donde te tratan mal, esboza Fito en el episodio siete, recordando la frase que le dijo una mujer en un bar. Ástor Piazola, Atahualpa Yupanqui, Mercedes Sosa, todos cruzaron el charco alguna vez, agregó.

En el país que habito, es común que la gente piense en la migración como primera alternativa cuando todo lo demás se va a la mierda. No salimos para ir a hacer giras internacionales como les dioses rockeros argentinos, salimos huyendo de la muerte en vida o eso que llaman pobreza. Quedarse en un país donde la violencia se inhala con el primer sorbo de café y se exhala con los ruidos de la noche, requiere mucha resiliencia. Nacimos, vivimos y convivimos con una violencia normalizada que hasta pareciera ya nos acostumbramos. Quedarse a morir –o matar- o irse. El privilegio de quienes pueden irse con visa y pasaporte en realidad es de muy pocas personas. La mayoría cruza el inframundo, el infierno y las bestias, con tal de encontrar un poco de aire, esperanza, buenos tratos.

Y la serie te va dando esas dosis de ternura avasallante, esa que fermenta de forma natural la vida, aún en medio de los dolores más profundos, entendés que esto se trata de salvaguardar la vitalidad a través de la expresión, la creación, el arte. Y en esa escapada van también las sombras o aquello que nos rehusamos a ver. Porque todo lo podrido del mundo habita en menor o mayor medida en cada une. Atrevernos a vernos detrás del velo, parafraseando a Jung, es la verdadera contingencia que te orilla al movimiento.

Moverse de espacios donde nos maltratan y nos violentan es lo que me ha enseñado el feminismo, el feminismo que me resuena y me parece menos discordante. El que lo cuestiona todo sin la vara moral, sino con la ternura radical. Intento cuestionar todo, en la medida de lo vivible, porque lo observo también en mí o lo viví en mi familia y no lo quiero más. Si eso no es amor, se le parece bastante. Bueno, asimismo, decir, me voy porque merezco algo mejor (gracias Julieta Venegas), es una expresión inmensamente creativa del amor. Pero no lo confundamos con ese amor propio tóxico que está rebalsando el Instagram, es el amor que no todo lo acepta, ni todo lo olvida, es el amor que transforma el compost en abono, es la magia de la vida.


Y con la nariz mocosa y los ojos llorosos reconozco que ese movimiento cuántico no aplica únicamente para la emigración hacia otro territorio. Irse de vínculos dolorosos es un paso corajudo, por mucha teoría feminista y militancia callejera que tengamos encima, nadie nunca estará cien por ciento deconstruide para terminar una relación de una forma armoniosa y afable, al menos yo nunca aprendí, pero espero poder hacerlo, tal como la Fabiola Cantilo y todas las ex de Fito lo han hecho. Seguir queriendo al ex después de una intensidad ardiente. Pero bueno, ¿quién tiene, en estos tiempos, un ex como Fito Páez? Mi mente acuariana recién acoplándose a Plutón, con el mercurio retrógrado, se explaya y se pierde en los confines de la universa, volvamos al punto.


Largarse de los trabajos donde ejercen violencia también es un acto heroico y de mucho privilegio. Privilegio en primer lugar por reconocer que recibir violencia ni es normal, ni está permitido. Segundo porque somos valientes, pero también somos realistas. En un país como Honduras o cualquier país de Centroamérica donde la explotación y el maltrato en los trabajos están normalizados, hay una profunda precarización en las dinámicas laborales. Es decir, no podés soltar un trabajo, si no tenés segura la renta y la comida del siguiente mes. Se vive a coyol partido, coyol comido. Pero confío mucho en que mi generación milenial y les centenials, van a cambiar esas dinámicas, ya sea por inercia o por un profundo estallido social y cultural. Mientras escribo esto resuena a todo volumen Ciudad de pobres corazones.

Marcharse, dar la vuelta e irse a donde nos traten(mos) mejor. Es ahí donde quiero estar. Por el momento así siento mi hogar, un espacio muy grande para mi gusto, que comparto con dos michis, varias plantas y, de vez en cuando, con muchas personas diversas que vienen a platicar a hacer brujerías buenas. He descuidado mi salud por estar más pendiente del exterior, tratando de buscar validación en personas y situaciones que están muy lejos de integrar la empatía. Trabajo en un lugar infestado de demonios, en un hoyo profundo y podrido del aparataje estatal, herencia de los criminales de antes y reproducción de los criminales actuales. He reconocido también ahí mismo almas empáticas que tratan de transformar esa oscuridad, pero son gotas en el océano. Y no por eso voy a perder la esperanza de que las cosas pueden ir mejor, pero en este trayecto corto de mi sanación entendí que la transformación debe venir primero desde adentro. El movimiento más importante es el que hacemos primero en nuestras aguas densas, turbulentas y profundas, tal como será este eclipse de luna llena en escorpio, el 5 de mayo de 2023.

Mientras se dan los demás movimientos, yo me ocupo de los que están a mi alcance. He sacudido el polvo de las cosas pendientes, no del trabajo, las personales. He sacado nuevamente mis hierbas y mis aceites del pantano del olvido. He sacado mi bitácora de viaje, puse el disco Giros y me dispongo a caminar.




 
 
 

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