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“Nos han quitado tanto, pero no permitiré que me quiten la dignidad”:La sanación es un acto político

Fueron muchas horas pensando cómo iniciar este escrito. Parte del temor que tenemos las mujeres de expresar con sinceridad y transparencia nuestros procesos, sentires e ideas, mostrar una parte de nosotras que es sumamente privada. Da muchísimo miedo nombrar lo que estamos sintiendo, aceptar que hay dolores en nuestro cuerpo, que existen hechos que nos están incomodando, pero sobre todo, desgarrando el alma.

En lo personal, puedo decir que el proceso de sanación comenzó cuando acepté que me sentía herida y dañada. Me desconocía en todos los sentidos de mi vida y además no sabía cómo gestionar mis emociones. Me daba miedo exponer toda mi vulnerabilidad, pues el ego jugaba un papel importante.

El hecho de no reconocerme a mí misma y sentirme confundida, me hizo tomar una de las decisiones más importantes: sanar.

Esto se convirtió en una necesidad y prioridad. Tenía claro que si quería seguir mi vida con una visión distinta, debía cerrar ciclos y asumir procesos personales que me brindaran herramientas para reconocerme, cuestionarme y transformarme.

La decisión fue política, estaba decidida, tenía toda la voluntad de no querer seguir parchada, de no seguir mintiendo. Ya no quería comenzar/mantener relaciones con otres personas, sin antes darme una oportunidad de tener un proceso para conocerme a mí misma. De aceptarme con todos mis errores pero también aprender y valorar mis virtudes.

Es increíble el daño que pueden ocasionar a nuestra autoestima. La mía se encontraba deteriorada, Muchas veces fui incapaz de ver lo grandes que somos y lo poderosas que podemos ser al tener esa seguridad que nos han lacerado con acciones, palabras, heridas y violencia.

Recuerdo que llegó un momento que dije: “Ya no puedo, ni quiero seguir así”, busqué ayuda. Primero abordé a mi madre y luego platiqué con mis amigas cercanas y de confianza. Les dije con toda sinceridad que no me sentía bien, que quería sanar y necesitaba de ellas.



Mirtha nació en El Progreso, Honduras. Es socióloga, feminista, ex lideresa estudiantil, militante del partido Libertad y Refundación (LIIBRE) y defensora de los Derechos Humanos.

Recuerdo el consejo de un gran amigo. Creo que fueron las palabras a las cuales me aferré y que hasta el día de hoy sigo interiorizando: “Nos han quitado tanto, pero no permitiré que me quiten la dignidad”. En ese momento yo sentí una electricidad en mi cuerpo, claro, la dignidad es un acto político que no merecemos perder.


Decirles que, racionalizarlo todo ayuda en ocasiones a tener la claridad sobre qué querés de vos misma y de tu vida, pero otras veces, las emociones nos desbordan en cada instante. Son experiencias fuertes, son importantes.

Yo decidí sacarlas, permitirme llorar el tiempo que sintiera necesario y, confieso que todavía lo sigo haciendo porque tengo el deseo de soltarlo todo.

Recuerdo que siempre le preguntaba a la psicóloga: “¿Por qué yo, por qué a mí? Ella me miraba, me agarraba las manos y me respondía: “Eres humana, no una superheroína y nos sucede a todas, son procesos normales”.

Para ser sincera, me daba mucha vergüenza sentirme vulnerable y lastimada. Lloré y lloré. Me sentí derrotada. Fue un proceso bastante fuerte deconstruir esa idea de “no puedo sufrir por amor” (mito del amor romántico), cuando en realidad, si estamos sufriendo en silencio, con apariencias de felicidad y superación, en realidad es que estamos metidas hasta el fondo.

La ruptura sentimental se convirtió en una oportunidad para iniciar un proceso que fue sanando no solo ese dolor del corazón, sino que me permitió revisar toda mi historia. En ese momento me di cuenta de todas las heridas que tenía y que había venido arrastrando durante todo estos años. Me hizo tomar conciencia que era momento de darme un tiempo y un espacio para mí, me lo debía.

Y bien, ahora que lo escribo, me doy cuenta que el proceso de sanación no tiene un final, es constante. Se ha convertido en una necesidad de estar revisándome, de cuestionarme, de retarme a mí misma; sin embargo, cuando tenés esa paz en el interior, donde muchas cosas que dolieron antes, dejaron de hacer ruido.

Te das cuenta lo mucho que has avanzado. Te sentís feliz y orgullosa de vos misma. No sé cómo describir esa sensación, pero una siente que tiene una oportunidad para resurgir de una forma distinta, más liviana, más fuerte, con mayor claridad, con energías, con ganas de vivir y darlo todo. Te entregás completa a la vida, tenés otras visiones, has aprendido, ya no tenés miedo. Tus ojos tienen un brillo, labios rojo intenso, con todas las ganas de comerte el mundo y empezar las veces que sea necesario.

Las herramientas están en nuestra propia cotidianidad, partiendo de la red de amigas y el tejer otras redes que te brindan afectos, fuerzas, ánimos. El feminismo que nos salva la vida, nos hace sentirnos humanas y nos hace entender como nos han construido social y culturalmente. También nos muestra toda esa idealización del amor romántico -que no existe-, por tanto, es necesario desmontar y construir nuevas formas de amar que no duelan, que no violenten, que no lastimen pero sobre todo, que nos permitan ser más leales con nosotras mismas.

Retomar las cosas que amamos como el deporte, el arte, la escritura y la música, prácticas naturales de sanación y espiritualidad para conectarte con tu genealogía. Regresar a tus ancestras y ancestros, que se convierten en pilares fundamentales para recordarnos de dónde venimos y hacia dónde queremos avanzar.

Y por último, desde mi experiencia, puedo decir que el proceso de sanación no debe ser romantizado. Es doloroso y solamente quién se compromete consigo misma puede realmente encontrar respuestas y herramientas que ayuden a gestionar nuestras emociones y sentimientos. Nos ayuda a cuestionar y replantear nuestras acciones y pensamientos.

Somos seres contradictorias, vivimos constantemente cambiando, de eso se trata, de nunca volver a ser la misma. Hay que encontrar otras formas de ser felices y de aprender a tomar decisiones en el tiempo preciso para nuestra propia protección y cuidado.

Estar sana significa NO permitir que nos hagan daño, ni causar daño. Es tomar conciencia de nuestra responsabilidad con nosotras pero también con los otres.

Hoy sigo en mi camino de sanación, pero más fuerte, más segura y con decisión.



 
 
 

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